El reloj marca las cuatro y cuarto. Las manecillas se mueven despacio y el tic-tac se escucha como un molesto metrónomo. Hace calor y el ventilador no es capaz de vencerlo. Simplemente, mueve el aire caliente de un lado a otro. En la tele, la decimosegunda etapa del Tour de Francia. Sesenta y cinco kilómetros a meta, tres fugados y el pelotón a dos minutos y veintidós segundos. El final al sprint estaba cantado y eso hacía la etapa aburrida. Por eso Janire, tumbada en el sof