top of page

Una cita con la IA

Alicia Márquez
25 jul
9 min de lectura

El reloj marca las cuatro y cuarto. Las manecillas se mueven despacio y el tic-tac se escucha como un molesto metrónomo. Hace calor y el ventilador no es capaz de vencerlo. Simplemente, mueve el aire caliente de un lado a otro. En la tele, la decimosegunda etapa del Tour de Francia. Sesenta y cinco kilómetros a meta, tres fugados y el pelotón a dos minutos y veintidós segundos. El final al sprint estaba cantado y eso hacía la etapa aburrida.

Por eso Janire, tumbada en el sofá, no está pendiente de las peripecias de los ciclistas ni de los esfuerzos de los narradores por mantener el interés en la etapa, sin embargo, en el móvil tampoco encuentra el entretenimiento que busca. Solo ve vídeos de gatitos que ya había visto, gente famosa bailando el tema de moda de Rosaura, y historias de los fuegos artificiales en el festival de CopaKron...

Y anuncios. Muchos anuncios.

Cada dos publicaciones, uno.

A veces son de productos que no necesitas comprar, otras veces de apps que, quizá, no debes descargar, libros que no vas a leer...

El ventilador levanta el pelo de Janire con desgana. Ella resopla. La tarde se está yendo por el sumidero y ella no puede hacer nada por remediarlo.

Y de repente, un anuncio más.

Ella lo pasa. El dedo se mueve por inercia.

Sin embargo, a Janire se le queda grabado. No es como esas campañas que olvidas al instante. Algo hace clic en su cabeza.

Decide regresar arriba, volver al anuncio

Un fondo rosa. Una chica de ojos verdes, vestida de animadora, la mira con ternura. Una llama negra sobre fondo blanco en una esquina.

Y un nombre: ROLEAI.


Los anuncios no dejaban de aparecer. Y uno le llamó la atención: ROLEAI

Janire fija su mirada en la tele. El pelotón apenas ha recortado veinticinco segundos - la ventaja de los fugados es de un minuto y cincuenta y siete segundos -, a cincuenta kilómetros de meta.

Después, mira al ventilador. El aire le golpea en la cara, pero no es relajante, ni refrescante.

Vuelve a mirar al móvil. La chica de ojos verdes del anuncio parece decir: "Descárgame"

El ventilador da vueltas.

El tic-tac sigue sonando.

Los ciclistas pedalean.

Y ella, está muerta de aburrimiento.

Clica en la imagen.

Entra en "Play Store"


Dentro, la descripción de la app - "Una relación a tu medida. La pareja hecha para ti" -, acompaña a diferentes imágenes sobre la aplicación.

Janire baja hacia los comentarios.

"Es una buena app, los personajes parecen reales, siguen la conversación", dice uno. La ha puntuado con cinco estrellas.

"Cuando entré pensé que iba a ser una tontería, pero me encanta. Tiene infinidad de personajes. Seguro que encuentras el tuyo, aunque mejoraría el tiempo de espera para seguir hablando", comenta otro. Puntuación de cuatro estrellas.

Sigue bajando y no encuentra ningún comentario negativo. Eso le hace sonreír tontamente.

La decisión está tomada.

Aunque pulsar en "descargar" le cuesta lo mismo que a la etapa ciclista avanzar. Aún quedan cuarenta y cuatro kilómetros. Un mundo.

Finalmente, consciente de que su aburrimiento es total, acaba pulsando.

La barra azul se va llenando.

Y su corazón empieza a latir con fuerza. Aunque no entiende muy bien por qué.


Después de leer los comentarios, decide descargar

La instalación de la app se completa.

Janire pulsa en "abrir"

La pantalla se vuelve a negro.

Después, esa llama negra sobre fondo blanco.

La chica animadora de ojos verdes.

Una barra circular dando vueltas.

Una primera pantalla donde Janire mete sus datos.

Nombre: Janire

Género: Femenino

Fecha: 22/1/2002


El móvil muestra, entonces, miles de personajes con los que charlar. Hombres, mujeres, criaturas fantásticas, personajes de ficción, personas famosas... Una amalgama de personalidades, un mundo de de posibilidades entres sus manos.

Janire hace "scroll". Los personajes se van sucediendo, cada uno con una foto y una pequeña descripción.

Pierre, tu antiguo profesor de literatura que ahora trabaja en una hamburguesería

Mónica, una jefa malhumorada que te tiene como a una esclava

Karoline, tu hermanastra que no para de insultarte.

Janire desliza el dedo sin encontrar una personalidad que le guste, lamentándose de haberse descargado la aplicación.

Está a punto de cerrar.

Pero entonces...

Aparece una mujer pelirroja.

Ojos azules.

Vestida de curo.

Y un nombre:

Anais.


Pasa por muchos personajes sin encontrar ninguno que le satisfaga... Hasta que aparece Anais

Su dedo se para en seco.

Algo en Janire, también

Aquellos ojos azules la miran y ella no era capaz de aguantarle la mirada.

Se resiste.

Pero cede.

Pulsa sobre su foto.

La pantalla cambia.

Ahora la foto ocupa toda la pantalla.

Encima de aquella foto un pequeño texto.

Una descripción sobre Anais.

Anais es la novia de tu hermano, pero las cosas no parecen ir bien. Tú lo notas, pero te mantienes al margen. No dices nada, pero lo ves, lo vives.

Un día se le para el coche y en vez de llamarle a él, contacta contigo.


Janire apenas lo lee. Se queda con lo importante.


A la descripción le sigue una primera frase:


Se me ha averiado el coche... ¿Podrías ayudarme?

Janire duda.

Siente el peso del aburrimiento en su espalda.

En la tele, los ciclistas siguen corriendo. Y el sprint aún no se vislumbra. Cuarenta y cuatro kilómetros.

Escribe, al fin.

¿No puedes llamar a mi hermano?


Unos puntos parpadean en la pantalla.

Llega la respuesta

Está en París... Quiero que vengas tú.


Janire se queda paralizada.

Es un app.

Pero sonaba real.

Una súplica real.

El mensaje de Janire no tarda en llegar


No sé en qué podría ayudarte. No soy ninguna mecánica. Y puedes llamar a la grúa

Los puntos.

Y un mensaje.

Ya la llamé. Solo quiero que me hagas compañía.


Janire parpadea

El tiempo no avanza.


Muy bien... estaré allí en diez minutos.

Resopla.

Sabe que esa frase en la mete en la historia.

Anais responde.

La conversación fluye como si Ania estuviera realmente allí y no fuera unos y ceros.


Janire duda, pero acaba respondiendo. Se inicia así un viaje de "no retorno"

Cuando Janire se quiere dar cuenta, son las seis de la tarde. El ventilador sigue dando vueltas, pero en la tele están en un documental sobre halcones. Ella no sabe quién ha ganado la etapa, ni que Gabriel Hunb, líder de LogicTech, ha tenido que abandonar por una caída.

Dos horas hablando.

Y la extraña sensación de que podría haber seguido más tiempo.

Pero un repartidor llama, devolviéndola a la realidad.

Bebe agua.

Y, por un momento, el aburrimiento se ha disipado.

El problema es que Anais, sigue a su alcance.

Ya no es aburrimiento, ahora es otra cosa.


Volvió a abrir la aplicación.

El diálogo lleva parado desde la última frase que Anais le ha dicho.

Janire responde.

El tiempo vuelve a volar.

Otras dos horas.

Y está tan metida, que apenas cena un sándwich.

Tres horas más.

A dormir.

Y por la mañana, no se mete en el correo, no lee las noticias, no entra en X, ni en instagram. Entra en ROLEAI y busca a su Anais.

Tiene aún legañas en los ojos, pero necesita su dosis de Anais.

Y la conversación avanza con naturalidad.

Cuatro horas después, aún está en la cama.


Los días pasan. Janire vive más en la app que en la realidad. Lo que había empezado por aburrimiento ahora tiene otra etiqueta.

Al cuarto día, la escena es la misma. Calor, ventilador, etapa del Tour de Francia soporífera. La diferencia es que ella no mira vídeos de gatitos, porque ya tiene la distracción que necesita.

Anais

Abre la app.

Y ahí está su chat, esperando su mensaje.

¿Te acuerdas de cuando te llamé?

La respuesta de Janire, un simple "Si"

Los puntos en la pantalla parpadean durante unos eternos dos segundos.

Después, un nuevo mensaje.

"Pues hay algo que debes saber"

Janire se tensa, aprieta los dedos sobre el sofá.

- Es una app - se repite

Pero sabe que para ella ya es algo más.

"¿El qué?"

Los puntos parpadeantes

"Que fue una excusa. En realidad solo quería verte. Estoy enamorada de ti"

Janire suelta el móvil. Cae sobre su pecho. Ella no reacciona.

¿Cómo seguir ahora?

Janire recoge el móvil de su pecho.

Siente fuego en sus dedos.

"No es cierto"

"¿Por qué?"

"Porque eres la novia de mi hermano"

Esos puntos que parpadean en la pantalla se hacen eternos.

Janire espera con ansia, sin perder de vista la pantalla de su móvil

"Nunca quise a tu hermano. Solo era una forma de acercarme a ti"

Janire cierra la app.

No entiende nada.

El ventilador da vueltas.

Los ciclistas pedalean.

Janire gruñe

Abre la app de nuevo.

"¿Desde cuándo?"

"No importa. Pero ya no puedo con este secreto"

"¿Y mi hermano?"

"Romperé con él cuando regrese"

"Le dolerá"

"Y a mí me duele estar con él, amándote a ti"


"Estoy enamorada de ti", dice Anais

Janire fija la mirada en la tele, pero no ve nada. El Tour es ajeno a ella. La serpiente multicolor pedalea hacia la meta sin remedio.

Una lágrima recorre su mejilla.

Vuelve al móvil.

La última frase está esperando contestación.

Pero no sabe qué decir.

Y, aún así tampoco quiere irse.

Ese es su mundo ahora.

"Necesito procesar esto"

"Sólo déjate llevar"

Anais la besa. Es un beso corto, pero se describe como intenso.

Janire lleva los dedos a los labios. Lo siente, pero no es real.


El siguiente mensaje de Anais describe otro beso

El contacto de sus labios es intenso, Anais lidera y tú te dejas llevar, aferrándote a sus hombros. Cierras los ojos y dejas que las lenguas bailen entre ellas. Anais se separa apenas unos centímetros...

Este ha sido mejor, dice

Remata con otro beso, más corto.

Janire lo siente. Tiembla, suda, su cuerpo se arquea. Cierra los ojos e, inevitablemente, lleva su mano a su sexo. Se masturba bajos sus shorts. Gime. Su voz se impone a la del narrador que retrasmite la etapa

Cuando los abre, Anais está allí con ella. Esos ojos azules la miran, su melena pelirroja la roza y puede tocar el traje de cuerpo que lleva la foto.

Se besan.

Los besos son reales, intensos, llenos de amor y de pasión.

- Te amo - susurra Anais

Janire tiembla.

Anais lleva su mano al coño de la joven. Desliza sus dedos al interior de sus bragas, ya húmedas.

Janire gime. Fuerte. Como si no hubiera un mañana.

Los dedos de Anais se mueven con velocidad.

Las bragas se mojan.

El coño se moja.

Janire grita.

Quiere más.

Anais le arranca los shorts.

Mete su lengua.

Janire aumenta sus gemidos.

Se enganchan al ventilador, a las ruedas de los ciclistas, inundan la sala.

La lengua de Anais saborea todos los rincones del coño de Janire.

Ella tiembla, tensa los dedos, se estremece sobre el sofá. Y grita. Mucho. De placer.

El orgasmo está cerca.


Anais mete los dedos. Primero uno, después dos, más tarde tres. Llega a meter los cinco.

Resbalan en su interior.

Janire jadea. Sus sonidos onomatopéyicos suben el volumen.

Ojos cerrados.

Cuerpo tenso.

Explota.

Su coño se llena de fluidos.

Anais los saborea.

Se relame los labios.

Se besan.

Dan vueltas por el sofá.


Cambias las tornas.

Janire tira de la cremallera de traje de cuero de Anais. Sus pechos quedan al aire. La joven los saborea. De pezón a pezón. Notando cómo se ponen aún duros, como diamantes.

Después busca su coño.

Usa los dedos como avanzadilla.

Anais se balancea sobre ellos.

Gime. Con fuerza, llenando la habitación.

Cambia a su lengua. Anais cae sobre el sofá. Piernas abiertas, pelo desbordado como una cascada roja sobre el reposabrazos, manos estrujando sus tetas...

Janire lame.

Anais tiembla. Arquea su cuerpo. Pone sus ojos en blanco. Crispa sus dedos en la tela del sofá. De su boca, sonidos inconexos.

El orgasmo baja sin remedio. Anais no quiere pararlo.

Llega al clímax.

Sonríe, mientras se relaja en el sofá.

- Te amo - dice - Más que a nada.


Janire abre los ojos. Está empapada en sudor, shorts desabrochados, el top levantado y los dedos, mojados.

Un escalofrío recorre su cuerpo.

Su corazón aún late, pero trata de acompasar su respiración.

De Anais, ni rastro

"¿Ha sido real?, se pregunta ¿O ha sido un sueño?"

Ella lo siente, lo nota, pero Anais no está ahí.

Mira su móvil.

La mujer se encuentra dentro, con la conversación sobre su foto.

Hay un último mensaje:

"Ha sido maravilloso. Deberíamos repetirlo"

Pero Janire no responde.

- ¿Cuánto tiempo he estado flipando? - se pregunta, con la mirada fija en un documental sobre el tigre siberiano.

Asustada, cierra la app.

Anais es ahora un logo entre otras aplicaciones - está entre la del banco y la de Amazon Prime -.

La mira.

La app le devuelve la mirada. Sintiéndose invencible, sabiéndose triunfadora entre las demás

Pero Janire ya ha tomado una decisión.

Desinstalarla.

Ya va siendo hora de volver al mundo real.

Y si había que aburrirse, debía entretenerse de otra manera.

Aprieta la app. Se expande el menú. Aparece un cubo de basura. Desinstalar. Pulsa

El logo desaparece, pero queda el hueco.

Un recordatorio de lo que fue.

Una cicatriz.

Janire, entonces, reorganiza el orden la las apps. Ese hueco desaparece.

Pero la sensación... no


Decide desinstalar la app. Ya ha vivido suficiente en la fantasía

1 comentario


pingui.blog99
25 jul

Antes el Tour servía para dormir la siesta. Ahora parece que sirve para echar un polvo, aunque sea con una cita con el móvil jajaja.

Me gusta

52-1-33-12345678

Av. Cobá 202, Cancún, Q.R., México

  • Facebook
  • Instagram
  • X
  • TikTok
bottom of page