Sentí un cosquilleo cuando las puertas automáticas se abrieron y crucé el umbral. Sudaba y el cuello de mi camisa me quedaba más prieto de lo normal. Mis pies se deslizaron solos, como si llevaran la voz cantante de mi cuerpo. El vestíbulo era amplio, con materiales fríos y unos blancos quirúrgicos. Parecía más un hospital que el hall de una importante empresa financiera. A pesar de ser las ocho de la mañana, ya había mucha actividad. Veía a muchas personas hablando en sofá