En la cocina del Baxhia ya estaba todo listo: ingredientes, utensilios, cocinas... Podría ser un día más, pero sin embargo, no lo era. Se respiraba un ambiente diferente y eso se notaba en el rostro de los cocineros, más concentrados que de costumbre. La entrada de Nora Reyes, la chef, a la una y veintisiete, como hacía siempre, como si llevara un reloj suizo clavado en su pecho, era lo habitual, pero su porte, su imagen intimidante y sus andares se notaban de manera distint