La casa de los González-Peralta es la última de la calle. Es de noche. Todo está oscuro. Solo dos farolas dibujan sus haces de luz sobre el suelo. Irina, vestida completamente de negro —ropa deportiva, gorra y guantes—, espera escondida tras las ruedas de una furgoneta aparcada, repasando el plan. Durante días, Irina ha estudiado a los González-Peralta, una familia de la alta sociedad. Sabe que todos los viernes salen, a las once de la noche, a algún acto benéfico, reunión so