Un largo bostezo se dibujó en la cara de Vanesa cuando giraba su vieja Volkswagen Westfalia hacia la derecha siguiendo las señalizaciones. Las ojeras le oscurecían la mirada, como si un boxeador se hubiera cebado con ella. Su moño rebelde sujeto con un tenedor de plástico robado de la cafetería. El parpadeo frecuente... Nada de eso iba a frenarla. Nada de eso le importaba. Tampoco le había importado amanecer a las cinco de la mañana en un área de servicio frente a una esta