—¿Por qué no podemos jugar a un juego de mesa? —pregunté. Todos me ignoraron. Saúl se había salido con la suya. Resoplé resignada. Nos sentamos en el suelo, formando un círculo. La chimenea ya crepitaba. En el centro pusimos una bandeja con un bol de palomitas y vasos con diferentes bebidas. Apagamos las luces. "Porque sea Halloween no debemos hacer esto", pensé. Saúl encendió la linterna. Se la colocó bajo la barbilla. Sus facciones se deformaron como si fuera un fantasma. M