Samara White, presidenta de los EEUU, esperaba en las escalinatas de la Casa Blanca a que su homóloga española llegara. Su rictus mostraba calma, serenidad y contención, pero por dentro sus nervios serpenteaban por su columna vertebral. Se avecinaba un diálogo difícil. Probablemente lleno de reproches. Algunos medios, con cierta guasa, habían titulado la reunión como "El combate del siglo" Samara vestía un vestido corto, una chaqueta y unos tacones. Todo de un color rojo