El despertador sonó a las siete y media de la mañana, como siempre. Paula gruñó. Aquel molesto pitido la había despertado de un sueño erótico con George Clooney. A tientas, buscó el dichoso cacharro en la mesilla. Lo apagó de un manotazo. Se incorporó, se sentó en el borde de la cama y contó hasta diez. Aquella mañana no encendió la luz. Debió hacerlo. La pata de la cama le recordó por qué. Porque su dedo meñique decidió besarla. Paula gritó de dolor y se dejó caer sobre la c