Las letras del nombre del café se reflejan sobre la mesa de madera en la que espera Kira, dibujando sombras curiosas sobre la superficie. Lleva quince minutos allí sentada. Su pierna baila incontrolable, suda por poros que ni ella conocía, y su copa de vino se va vaciando, cada vez con mayor rapidez. Y ni siquiera está esperando a una reputada periodista para una entrevista, ni tiene quedar un discurso tras ganar un premio importante, ni tiene que presentar su nuevo proyect