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Te quiero en la película

Alicia Márquez
18 jul
12 min de lectura

Las letras del nombre del café se reflejan sobre la mesa de madera en la que espera Kira, dibujando sombras curiosas sobre la superficie. Lleva quince minutos allí sentada.

Su pierna baila incontrolable, suda por poros que ni ella conocía, y su copa de vino se va vaciando, cada vez con mayor rapidez.

Y ni siquiera está esperando a una reputada periodista para una entrevista, ni tiene quedar un discurso tras ganar un premio importante, ni tiene que presentar su nuevo proyecto a los productores.

Solo es una charla con una amiga.

Nada que no hubiera hecho antes.

Pero su cuerpo se contrae, presa de los nervios.


De repente, las puertas del café, se abren. El tintineo de una campanilla anuncia su llegada. Todos los asistentes, incluida Kira, se giran hacia la puerta. Incluso los personajes que se muestran en la pantalla de la televisión, parecen volverse para admirarla.

Gafas grandes, abrigo de visón en pleno agosto, un vestido azul, camina segura sobre sus Visconti de veinte centímetros, con ese aire de grandeza que envuelve su figura.

El resto de asistentes cuchichean.

Algunos pronuncian su nombre.

Otros se miran estupefactos.

Alguno saca el móvil para inmortalizar el momento.

Ella sonríe. Un gesto imperceptible, pero que no pasa inadvertido para Kira.

Sabe el efecto que provoca.

Por algo es Celeste Van Thorpe.


Las campanas anuncian su llegada, y un halo de elegancia envuelve el local. Entra Celeste Van Thorpe

- Te veo bien - se dirige a Kira, que se levanta para darle dos besos

Celeste se quita el abrigo de visón. Lo deja sobre el respaldo. A la vista queda el vestido azul, con un escote en V que se amolda a su figura como si se lo hubieran hecho a su medida.

- Tú tampoco estás nada mal - responde Kira - Por cierto, enhorabuena por tu Richard

- Gracias - dice, con una sonrisa - Es el único premio que me faltaba. Tras cuatro nominaciones, al fin me lo han dado.

El camarero se acerca tímidamente.

- ¿Qué va a tomar, señorita...? - pregunta, sin pronunciar el nombre.

- Ponme un capucchino COLONIAL con dos gotas de chocolate - dice.

Kira abre los ojos, sorprendida.

"Las estrellas lo son hasta cuando piden café", piensa, sonriendo de su propia ocurrencia.

- Ponme otra copa de vino - añade Kira.

El camarero se aleja.

- ¿Se alargó la noche? - pregunta Kira curiosa.

- Esas cosas siempre se alargan, Kira - responde - Y más cuando Alonzo de Corrales está por medio.

El barman regresa sujetando una bandeja.

Coloca el café delante de Celeste; la copa de vino frente a Kira.

Guarda la bandeja bajo el brazo y se aleja.

Kira bebe.

- Pero me fui pronto - dice Celeste, como si tuviera que justificarse - Había quedado contigo.

Kira se sonroja.

- Es un detalle que pensaras en mí

- No suelo cancelar citas - reflexiona Celeste - Y menos cuando son tan insistentes...

La actriz le da un trago a su café

- Aún no me has dicho porqué querías verme - añade.

Kira se tensa. Sus manos sudan. Un escalofrío recorre su cuerpo. Bebe, pero no por sed.

- No te veía desde que fuimos al estreno de "Almas perdidas" - dice - ¿No puedo quedar con una amiga?

- Kira... No me fío de ti

Celeste bebe. La cuchara golpea sobre el plato.

Kira se altera.

- Deberías porque no hay segundas intenciones - miente.


"¿Por qué querías verme?", pregunta Celeste

El diálogo fluye entre ambas. Mientras Celeste le cuenta anécdotas sobre la gala de anoche, Kira escucha paciente, preguntando sobre el vídeo viral - aquel encuentro con el director que la hizo debutar -, o por si se esperaba ganar el premio.

Las risas suben.

El café baja; el vino, también.

- He oído que están buscando a una nueva actriz para interpretar a Lara Mertens - dice Kira, mirándola fijamente a los ojos - Me comentaste que era un papel que querías hacer.

- Me lo comentó mi agente - reconoce Celeste -, pero aún soy joven para afrontarlo. Tengo aún muchos proyectos que hacer antes de hacer ese papel. Y ahora estoy muy solicitada. Me llegan guiones sin parar.

Kira la mira con sorpresa.

No porque Celeste estuviera solicitada. Eso ya lo intuía.

Sino porque ella había dejado la puerta abierta.

Y Kira no va a permitir que se cierre.

Acerca su bolso hacia ella.

Lo abre.

Saca de él una carpeta roja, llena de papeles e historias que contar. El rojo ya no era tan vivo, las esquinas estaban desgastadas, y las cuerdas que la sujetan están pidiendo refuerzos.

Retira una de esas cuerdas; después la otra.

La carpeta se abre. Los papeles recuperan el aire.

De la carpeta, Kira saca un grupo de hojas encuadernadas. Junto a dos tapas transparentes.

- Sobre eso... - Kira traga saliva - He escrito esto.

Deja el libreto sobre la mesa.

Celeste lo mira, pero apenas lo toca. Como si fuera venenoso.

Lee el título:

"Dragón rojo"

Celeste arquea una ceja, mira a Kira con una mezcla de enfado, satisfacción y curiosidad.

- Ya sabía yo que esto era un atraco a mano armada - dice.

Le da un trago al café.

El segundo café de la velada.

Para Kira es su cuarta copa de vino

- Llámalo como quieras - comenta Kira, encogiéndose de hombros -, pero estoy convencida de que eres perfecta para la película.

Celeste chasquea la lengua

- ¿Quieres que salga en tu película? - pregunta Celeste.

- No - responde Kira. Y no se había sentido más segura desde que llegó al "cinco estrellas"

Celeste la mira de arriba a abajo, extrañada.

- ¿Entonces?

- Quiero que seas mi protagonista

Celeste se queda paralizada. La bomba estalla en su cabeza.

Mira al liberto.

Sigue sin tocarlo.

Pero por primera vez, siente curiosidad.


"Quiero que seas mi protagonista", dice Kira, segura

- Martina, mi personaje, está escrito para ti - confiesa Kira, que apura su cuarta copa de vino - No he pensado en nadie más.

Celeste emite un gruñido de fascinación.

- Eso es apostar fuerte - añade - ¿Y si no acepto?

- No hago la película.

Celeste parpadea.

Coge, por fin, el guion.

- Dragón rojo - Celeste repite el título.

Kira tiembla.

- Vi tu película "El viejo tractor de la calle Mondalejo" - confiesa Celeste - Reconozco que me gustó. Especialmente, la escena del cementerio, pero aún no eres nadie en la industria y, probablemente, no puedas pagar mi caché... ¿Por qué debería aceptar?

Kira bebe.

Carraspea.

- No puedo ofrecerte una superproducción, ni una película que acabe ganando premios, pero puedo darte verdad porque Martina se mueve como tú, respira como tú, disfruta como tú, toma café como tú... Eres tú.

Celeste abre el libreto.

Lo hojea, sin pararse en nada concreto.

Hasta que llega a la página ciento tres, a la secuencia cincuenta y uno.

La lee, como quién lee el horóscopo o las necrológicas en un periódico.

Pero algo le hace cambiar el chip.

Tiene que volver a leer.

Se emociona.

Pero no lo suficiente como para dejar de jugar.

- Vale, lo entiendo - dice -, pero te he dicho que tengo tres proyectos pendientes de decisión. Y no son proyectos cualquiera.

- Muy bien

- Uno está dirigido por una directora con dos premios Oscars; el otro es de villana en una saga de superhéroes. De las mejores y taquilleras de la historia; el último es más pequeño, más íntimo, pero a mi marido lo interpreta John LaCuesta. Y sabes lo que adoro a ese hombre... No puedes competir contra eso.

- Esos personajes están muy bien, seguro. Serán complejos, pero no están pensados en ti. Seguro que ha habido varias opciones y al final han creído que tú eras la indicada. Yo no me he imaginado a nadie más. He estado nueve meses observando tus gestos, como respiras, como sonries, como hablas cuando te enfadas... He visto todas tus películas, me gusta especialmente "Los tranvías a ninguna parte", he visto todas tus entrevistas... Eres tú... o nada.

Kira aprieta los dientes.

Celeste se muestra callada.

La cafetería se vacía.

El camarero las mira desde la barra, como si esperara a la respuesta.

Kira siente que se queda sin argumentos.

Pero no se rinde. Juega su última carta.

- Tú solo léelo - dice Kira, al borde de la desesperación - Llévatelo a casa, lo miras tranquilamente. Y mañana me das una respuesta. Si después quieres trabajar con John... no te culparé.

Silencio.

Incomodidad.

El latido de su corazón es un reloj al que se le agota el tiempo.

Celeste, por su parte, disfruta.

Le encanta ver como suplica.

- No insistas, Kira - dice Celeste finalmente.

En los ojos de Kira se nota la decepción.

- Si ya me habías convencido - zanja

Kira la mira extrañada.

- ¿He oído bien? ¿Aceptas? ¿De verdad? - pregunta, desconcertada.

- Sí - responde Celeste. Segura. No hay lugar a la interpretación - La escena del hospital me ha conmovido.

Kira bebe de la copa, pero el sorbo le sabe a victoria, a emoción por trabajar con Celeste, la estrella con mayúsculas de la nueva generación.

- Pero solo tengo una condición - añade Celeste.

- ¿Cuál? - Kira habla desde la frustración, preparándose para algo inasumible.

- Que a Enrique, mi padre, lo interprete Mario Cárdenas.

Kira muestra alivio.

- ¿Y si no acepta?

- Lo hará.

- Hecho entonces.


"He escrito el personaje para ti... Y no tengo plan B"

Celeste levanta el brazo.

El camarero se acerca.

- Cóbranos - dice la actriz, sacando de su bolso un billete de cincuenta dólares - Y te quedas con las vueltas.

Las dos chicas se levantan.

Celeste va delante, absorbiendo las miradas de un grupo de cuarentones que había ocupado dos mesas junto a las mesas de billar.

Detrás; Kira que nota como miran a Celeste, como una diva, como una reina entre simple mortales. La directora se siente invisible, pero lo agradece.

Ya en la calle, se dan dos besos de despedida.

Pero Kira aún busca un nuevo golpe de efecto.

- ¿Te vienes a casa? - pregunta - Y te enseño más cosas de la peli.

Celeste la mira, sin responder.

Luego fija su mirada en su reloj de pulsera.

Después vuelve a mirar a la realizadora.

- Claro, vamos.


Caminan diez minutos.

Cruzan el Saubari Park, hacia el oeste.

La famosa escultura se alza junto a la verja negra. Frente a ella, los apartamentos Graham Boll.

Kira saca un manojo de llaves.

El gran ventanal del quinto piso da al parque. Junto a la escultura, un grupo de turistas se hacen fotos.

- Que bonitas vistas - dice - Tiene que ser caro vivir aquí.

Kira suelta una carcajada llena de ironía

- Mira quién fue a hablar - replica Kira - La que que vive en una mansión de veinte millones de dólares.

Celeste sonríe.

- Perdón por el desorden - dice Kira.

El salón está lleno de hojas por todas partes. Algunas están manuscritas, otras han salida de la impresora. Las hay que están en blanco...

También hay cajas de pizza vacías, botellas de vino a medio terminar, un mapa con flechas de colores, un portátil a medio cerrar, un disco de vinilo en el tocadiscos que no para de dar vueltas...

El desorden se traslada también al despacho de Kira.

Allí, más hojas les dan la bienvenida, junto a bolígrafos desperdigados por el escritorio, archivadores abiertos, fotografías, tickets de aparcamiento...

- ¿Cuánto tiempo llevas escribiendo el guion? - pregunta Celeste

- Nueve meses - responde -, pero no solo escribiendo. También buscando localizaciones, imaginando el vestuario, la música... Solo me faltan los actores...

Se gira hacia Celeste.

Sonríe

- Bueno... A la protagonista ya la tengo.

Celeste coloca un mechón rebelde tras su oreja.


Kira se sienta en su silla de oficina apartando una bata de seda que cuelga del respaldo.

Celeste la acompaña, ocupando una butaca a su lado.

- Mira - dice, sacando unas hojas de uno de los archivadores - Así quiero rodar la escena del hospital.

Celeste toma la hoja.

Sus brazos se rozan.

Su vello se pone de punta.

En la hoja, Celeste se ve a sí misma, con todo lujo de detalles.

- ¿Los has dibujado tú? - pregunta curiosa.

- Sí

- Eres una dibujante excepcional - comenta - Me has dibujado incluso más guapa de lo que soy.

Kira la mira, extrañada.

- ¿Bromeas? No eres una solo una excelente actriz. La cámara te quiere mucho.

- Pero si has dibujado hasta mi cicatriz junto al pómulo - exclama -. Y no hay mucha gente que la conozca. Solo los más cercanos y...

Celeste se pausa, se tensa.

- ¿Por qué quieres que esté en tu película realmente? - pregunta

- Porque tú eres el personaje... salvo que tienes otro nombre. ¿Qué otro motivo iba a tener?

Celeste aprieta los dientes.

Kira suda. Desvía la mirada. Trata de mantenerse segura.

- Dices que me has estudiado, pero no parece que sea sólo un estudio profesional... Creo que hay algo más... íntimo.

Kira ríe, pero su risa es incómoda.

- ¿Cómo puedes pensar eso? He pasado nueve meses - y los que me quedan - pensando en esta película. No hay tiempo para más cosas.

- Nunca he hablado de la cicatriz en ninguna entrevista, trato de ocultarla con maquillaje, pero resulta que tú la has destacado en tus dibujos... Seguro que viste aquella foto robada en "The moon fight".

Kira mira hacia sus dibujos.

La Celeste creada con lápices parece devolvérsela.

Todo su mundo se está desmoronando, pero se resiste a admitirlo.

Observa a Celeste.

La actriz se mantiene firme.

Su mirada le atraviesa el alma.

Y su muro comienza a desquebrajarse.

- Está bien, Celeste, tú ganas - dice, bajando la mirada - Nueve meses estudiándote y he acabado enamorada de ti. Y creo que esa cicatriz te da un toque aún más atractivo. No deberías ocultarla.

Celeste se mantiene callada.

No sabe qué decir.

Por dentro, su corazón baila de alegría.


Kira avanza despacio hacia Celeste, que no se mueve. Aún trata de asimilar la confesión.

Pese a que ya lo intuía, que lo confiese lo hace tangible. Ya no solo está en la cabeza de Kira, ahora flota en la habitación.

La directora está a unos pocos centímetros.

Celeste aprieta los puños, inconscientemente.

Kira irrumpe en su espacio vital.

Celeste no se mueve.

Kira la toca.

Celeste no rehúye el contacto.

Finalmente se besan.


Se separan.

Pero acto seguido hay otro beso. Es Celeste quién inicia el movimiento, como en su célebre escena de "Malditos roedores"

El segundo beso es más largo, más íntimo, más fuego.

Sus lenguas se entrelazan.

Sus corazones bailan al mismo son.

Celeste toma el control.

Empuja a Kira hasta que el escritorio impide a ésta seguir retrocediendo.

Ella se sienta sobre el borde; Celeste aparta todo lo que hay sobre la mesa de un manotazo.

El desorden sube de nivel.

Celeste busca con su mano el sexo de Kira; con la otra le quita la camisa.

Recuerda a otra mítica escena de Celesta: "La condesa"

Los pechos de Kira asoman bajo un sujetador negro de encaje.

Celeste la besa el cuello, baja por su escote y se entretiene en sus senos.

Es Kira quién acaba por desabrocharse el sujetador.

Celeste le lame los pezones.

Kira gime.


La actriz sigue bajando, al mismo tiempo que la falda de Kira va subiendo hasta rodear su cintura, convertido en un cinturón de tela.

Celeste mete la lengua por encima de las bragas.

Se mojan.

Kira gime.

Deja los ojos en blanco.

La habitación se va reduciendo a ellas dos.

No hay desorden.

Celeste le aparta la braga a Kira. Mete la lengua. Ésta gime con más intensidad.

Su cuerpo se tensa. Sus manos se agarrotan sobre la mesa. Un cosquilleo recorre su nuca.

Celeste mueve su lengua con velocidad, con brío, impregnando su saliva en los jugos de su directora.

Kira tiembla, se estremece, sus gemidos salen encadenados los unos a los otros. Cada vez con más intensidad.

Así llega al orgasmo.

Su cuerpo estalla y se libera.

Se recuesta sobre la mesa.

Se toma unos segundos que se hacen eternos.

Ahora es su turno.

Celeste deja caer un tirante de su vestido. Después, el otro

La tela desciende por su cuerpo.

El vestido acaba convertido en alfombra.

Kira se relame.

"Cuerpazo"

Gatea sobre la mesa. Se acerca a ella.

La agarra de la cintura.

Se besan.

Kira baja del escritorio.

Sube Celeste, completamente desnuda, pero con sus Visconti de veinte centímetros en su sitio. Apoya la espalda en la pared, abre las piernas, flexiona las rodillas.

Kira lame.

Celeste pega un respingo.

Sus gemidos llenan el desorden.

Ella se mece, se deja llevar, se eleva, siente flotar.

Kira para.

Celeste baja de la mesa.

Caminan hasta un sofá cama.

Los tacones resuenan con elegancia.

Celeste cae. Rebota sobre el sofá

Kira sube encima.

Vuelve a meter la lengua.

Más rápido, más fuerte, menos tranquilidad, más pasión.

Los gemidos de Celeste suben de volumen. La actriz parece perder la voz en cada uno de ellos, pero eso no frena a Kira, que trata de subir la intensidad y la velocidad.

El orgasmo llama a la puerta.

Y la puerta se abre.

Los jugos salen. Celeste llega al clímax.

Su cuerpo se relaja, se expande sobre el sofá.

Kira sonríe.

En el mismo sofá en el que ha dormido durante nueve meses, atrapada en una obsesión, ahora descansa el nombre de dicha obsesión. Sus corazones, agitados, siguen bailando al unísono.

Los besos que siguen son más tiernos, más calmados, menos fuego, más amor.


La luz de la tarde baña sus cuerpos desnudos en ese sofá. A su lado, todo es desorden: papeles, bolis, dibujos y ropa desperdigada domina el espacio.

Ellas están en otro mundo.

Ellas se abrazan, se acarician, se besan cualquier rincón que encuentran...

Celeste es quien rompe el momento.

Se incorpora sobre el sofá, busca el vestido. Está hecho un ovillo sobre el suelo

A su espalda, Kira, está tumbada, con la vista puesta en la espalda de su actriz.

- ¿Cuándo empieza el rodaje? - pregunta.

Celeste se levanta, empieza a vestirse con la misma elegancia.

Kira gira sutilmente su mirada hacia su bolso. De ahí sobresale su teléfono.

- Cuando nos den la financiación - dice, sonriendo.

Celeste la mira extrañada.

- Estás loca, Kira - dice, en realidad.

- Lo sé, pero contigo en la película será más sencillo conseguirla.

- Estás loca - repite Celeste

- En realidad, sabía que aceptarías - confiesa - Era un salto al vacío, pero había red.

Kira se levanta.

Se acerca a Celeste.

Se besan.

El tiempo parece detenerse.

Se separan.

- Te quiero en la película - le susurra

Celeste tiembla

- Y en la de mi vida, también.


"Te quiero en la película... y en la de mi vida"

1 comentario


pingui.blog99
18 jul

No sé cómo será la película, pero el rodaje será intenso jajaja


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Av. Cobá 202, Cancún, Q.R., México

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