Son las cuatro de la tarde de un día cualquiera. Un día tranquilo, sin sobresaltos. Una tarde en la que centrarse en cosas que no tienen importancia. Belén está tumbada en el sofá, con las piernas sobre la mesa de café, el mando a distancia sobre su regazo y sujetando una lata fría de cerveza en una mano, con la otra juega con su pelo, mientras ve en la tele una telenovela turca sin preocuparse demasiado. El día pasa lento, pero a Belén no le importa. Sin embargo, su teléf