A las once de la mañana el calor ya era asfixiante, pero Maggie prefería esperar fuera. De pie, junto al Camaro del 77, con los brazos cruzados. Llevaba unos shorts vaqueros, unas botas de cowboy, una camiseta de tirantes y una gorra de los Phoenix Suns, que no impedía que se asara de calor. El Camaro estaba aparcado frente a la prisión estatal de Phoenix, único edificio en medio de la nada, en medio de arena y asfalto. Dentro, en la cárcel, estaba Tiffany, su novia, a punt