Solo el crujido de las escaleras al paso de la expedición rompía el silencio incómodo. Arturo, promotor inmobiliario, era el primero en bajar los escalones. Detrás caminaba Zaira, agarrada fuerte al pasamanos, con unos tacones que ya le molestaban y unos pasos cada vez menos elegantes. A su espalda, estaba Chiara, también cansada, pero más pendiente de no tropezar con el siguiente escalón. El aire estaba cargado con un fuerte aroma a decepción, a fracaso y a resignación. Y n