—¿Y si nos tomamos la última en otro sitio? —propone Paloma. Son las dos y media de la mañana. Paloma y sus amigos acaban de salir del White Moon. Ella siente que la noche acaba de empezar. O es que, simplemente, no quiere irse a casa. —Lo siento, cielo. Mañana viene nuestra hija —comenta Isabel, tomando la mano de su esposo Marcos. —Queremos estar en la estación cuando llegue —añade él. —Yo tampoco me quedaré —dice Gabriel, mirando el móvil—. Tengo un viaje de seis horas en