Sábado. Tres de la tarde. Cuarenta grados. Ventanas abiertas, persianas bajadas. Un ventilador a pleno rendimiento, pero una sensación de bochorno que no se desvanece. Lorena está tumbada en el sofá mirando vídeos en Instagram. Viste un top de tirantes, que deja al descubierto su ombligo, y unos shorts desabrochados. Su piel brilla por el sudor. De vez en cuando, se abanica con su propia mano. Inútil. Sobre la alfombra está Águeda, su mejor amiga. Tumbada boca abajo, con un