Las ruedas de la camioneta patinaron sobre el terreno en cuanto éste se empinó, pero Aurora mantuvo el pie en el acelerador. El motor rugió, ella mantuvo las manos apretadas al volante. El firme irregular hizo que el vehículo pegara botes. Dentro de él, Aurora y su acompañante, también Solo eran doscientos metros, pero hubo que subir sin medias tintas. A todas las revoluciones que permitía el motor. Después, el terreno se allanó. Y ellas respiraron. Llegaron a la meta. A