top of page

Con retraso

Alicia Márquez
24 ene
8 min de lectura

- Lamentamos comunicar que el vuelo 2687 con destino a Nueva York sufrirá un retraso de treinta minutos

La voz de mujer metalizada de la megafonía inundaba la terminal con un sonido claro y tenso.

Después, repitió el mensaje en inglés

Karen levantó la vista apenas unos segundos para confirmar en el panel de vuelos que el suyo estaba retrasado. Las letras amarillas en el apartado de incidencias así lo atestiguaban. Luego, volvió la vista a su libro de crucigramas mostrando en su rostro una expresión de resignación. Era el segundo retraso.

Otros pasajeros del vuelo se apelotonaban mostrando su descontento ante tal situación. Algunos gritaban, otros protestaban y alguno se quejaba de que "iba a perder su vuelo de conexión, que Nueva York solo era una escala"

A Karen todos esos ruidos le llegaban como un eco. Trataba de mantener la calma, aunque por dentro tenía el mismo espíritu que el grupo, cada vez más numeroso, que rodeaba la columna donde se encontraba el televisor de las malas noticias.

Pero la megafonía tenía otros planes...

- Lamentamos comunicar que el vuelo 2687 con destino a Nueva York sufrirá un retraso de treinta minutos.

Karen recibió la noticia y ya no pudo aguantar más. Cerró el libro con fuerza que sus dedos dejaron su marca en la portada, pero ella, sin embargo, no se unió al grupo que parecía una manada de lobos cazando al primer empleado al que se encontraban.

Ella prefería sufrir en silencio, en la cafetería más cercana.

Una que no podía tener un nombre más irónico:

Manhattan.


Al tercer retraso, Karen ya no pudo aguantar su fastidio, aunque ella prefirió sufrir en silencio.

Desde allí, sentada en la única mesa libre y rodeada de ejecutivos, azafatas y un equipo infantil de baloncesto, observaba a sus compañeros de vuelo hablando entre ellos, lanzando alaridos. Estaban al borde del colapso y solo faltaba una chispa más para que aquello terminara por estallar.

Entre todos los pasajeros, Karen se fijó en una rubia joven, que paseaba de aquí para allá. Llevaba una falda roja larga, un top blanco y unas deportivas. Un look llamativo entre tanto traje de chaqueta y colores apagados, pero lo que más le llamó la atención es que, pese a su palpable nerviosismo, no estaba unida a la multitud. Karen se vio reflejada en ella. Y eso le provocó una sonrisa.

Una sonrisa que no se disipó ni con ese café lamentable y caro - diez euros costó eso que no merecía la etiqueta de café -.

La joven rubia, tras varios minutos dando vueltas y andando casi la misma distancia que hay en un maratón, terminó realizando el mismo camino que Karen minutos antes: La cafetería.


Desde la cafetería, Karen se fijó en una rubia de falda roja, top blanco y deportivas que caminaba de aquí para allá sin rumbo.

La joven se paró junto a la puerta del local. Movió la cabeza de un lado a otro hasta encontrar a Karen. La única mesa vacía. Miró hacia la multitud enfurecida y decidió que estaba mejor dentro. Se acercó con un caminar ligero hacia la mesa de Karen.

- ¿Está libre esta silla? - preguntó la rubia con un marcado acento inglés.

Karen levantó la vista. Hablaba con su prima Rosario por teléfono.

Simplemente asintió.

A la joven se le dibujó una sonrisa y desapareció entre la multitud en dirección a la barra.


Habían pasado diez minutos desde que la joven rubia regresó de la barra con un vaso de Coca-Cola, pero apenas lo había tocado. En cambio, su móvil, echaba humo. Karen, incluso, podía ver dicha sustancia. Apenas levantaba la vista del aparato. La tenía absorta. Sus dedos tecleaban algo con la velocidad de quién está desesperada.

Karen, decidió entonces, que debía romper el hielo.

Porque si no, aquella chiquilla con acento yanqui, podía cargarse el móvil por exceso de uso.

Así que colgó a su prima con "luego te llamo" y se lanzó a la rubia.

- Perdona que te moleste, pero...¿a dónde vas?

Ella no contestó de primeras.

El tumulto del panel de vuelos parecía haberse relajado. Uno de los trabajadores parecía explicar los motivos de los retrasos a los pasajeros y éstos parecían entenderlo, sin embargo, uno de ellos aún quería guerra. "¡Esto es inaceptable!", gritó. "Eso son minucias. ¡Exigimos volar ya!"

Karen y su compañera llevaron su mirada hacia allí.

Fue, entonces, cuando la joven respondió a la pregunta.

- A Nueva York, pero va con retraso. ¡Una hora y media! Como tarde más pierdo el tren que me lleva a New Haven. Estoy intentado cambiar el billete de tren para uno que salga más tarde, pero me está costando horrores.

Karen simplemente bebió de eso que decía llamarse café, dejando a la joven continuar con su historia.

- Mañana es el cumple de mi abuela - continuó la rubia -. Cumple noventa años. Nunca me lo he perdido. Daba igual que dónde estuviera que siempre estaba allí. Y este año... - La joven americana dirigió una mirada furtiva hacia el panel de vuelos, como si esperara un milagro -. Y este año tengo dudas.

- Vaya - acertó a decir Karen - Yo... yo solo voy de vacaciones.

La rubia dibujó una sonrisa fugaz antes de hundirse ante su propia preocupación. Karen lo notó. Sus manos se deslizaron sobre la mesa hasta encontrar las de ella.

Quería transmitirla calma, pero no dijo nada.

- Me llamo Karen

- Alison


Mientras Karen llevaba la procesión por dentro, el móvil de Alison echaba humo.

La megafonía, fiel a su cita, anunciaba un nuevo retraso para el vuelo 2687. El anuncio ya no quemaba, solo aumentaba la resignación. Karen veía la terminal como una habitación de hotel improvisada; Alison asumía que este año no estaría con su abuela para cantar el "Happy birthday"

Mientras, entre ellas, el diálogo era fluido, como dos amigas de toda la vida. Y no las desconocidas que eran hace treinta minutos. La conversación pasó por diferentes temas: Trabajo (estudios, en el caso de Alison), fútbol, infancia, aficiones... y de amor. Fue cuando la electricidad se cargó. Los ojos de ambas se buscaban con deseo, como si ya supieran que ese era el siguiente paso.

Fue aquí cuando Karen quiso expresar su motivo real de este viaje que ya olía a fallido.

- Siempre he querido conocer Nueva York, pero ahora era una excusa para alejarme de mi ex. Muy guapa, pero tóxica hasta el límite. Ha sido un alivio librarme de ella, pero siento que aún tengo el puñal clavado

- Siento oír eso - comentó Alison - No puedo imaginarme por lo que has pasado

- Bueno... Ya forma parte del pasado. Ahora quiero centrarme en el presente. En un nuevo capítulo. Quizá... contigo

Alison abrió los ojos todo lo que pudo ante la bomba soltada por Karen.

- He notado como me miras, Alison - se justificó Karen -. Creo que ambas sentimos lo mismo.

Karen lo dijo con convencimiento, pero con cierto riesgo. El estar varada en un aeropuerto era una oportunidad ideal que no podía desaprovechar.

Ahora la pelota estaba en el tejado de la rubia.


El cuarto retraso ya no quemaba, simplemente aumentaba la resignación. Para Karen, la terminal era un hotel improvisado; para Alison, un recordatorio de un cumpleaños frustrado.

Karen lanzó una mirada hacia los urinarios de los que salían dos chavales del equipo de baloncesto riendo y jugando con un balón imaginario.

- ¿Qué tal si nos escabullimos? Esto va a llevar su tiempo.

Alison se hizo de rogar. Karen mantenía la esperanza, pero empezaba a asumir que había sido precipitado. Que la joven rubia iba a decir que "no", pero, por una vez, tuvo algo de suerte

Alison asintió.



El baño tenía una decoración continuista con el resto del local, en tonos blancos y azules, aunque ellas entraron con cierta desesperación. Como si tuvieran besos pendientes que darse, pese a que eran unas desconocidas poco tiempo atrás. En cuanto cambiaron el suelo de madera por el de las baldosas, dejaron toda la calma atrás y se convirtieron en dos salvajes sedientas de sexo.

Quién llevó la iniciativa fue la rubia Alison, que besó apasionadamente a una Karen totalmente entregada a la situación. Los besos se sucedían como en una cadena. En cada uno el fuego interior eriza más la piel.

Poco a poco los besos se quedaron escasos. Alison buscó con sus dedos el coño de Karen, que flexionó sus rodillas para dejarle la puerta más abierta por debajo de su falda. Los gemidos inundaron rápidamente la estancia. El coño de Karen se humedecía con rapidez. A la misma velocidad con que Alison movía sus dedos.

Karen perdió su falda, su chaqueta vaquera y una camiseta con la bandera de EEUU cubriendo toda la tela. Alison, por su parte, subió el top, dejando sus pechos liberados sin sujetador. Karen lamió las tetas, Alison seguía jugando en su coño con sus dedos. Las dos gemían a coro, aunque a Karen se la escuchaba más.

Karen acabó sobre los lavabos, con las piernas abiertas, y un dedo entre sus labios. Alison, se acuclilló y empezó a comerle el coño, con celeridad, con pasión, con desesperación. Los gemidos de Karen subieron en decibelios. Y su cuerpo se estremecía y temblaba al sentir la lengua de su amante tocando su húmeda vagina.


Fuera, la megafonía anunciaba un nuevo retraso. Esta vez, Karen y Alison lo recibieron con alegría. Tenían más tiempo para explorarse. Y eso había que aprovecharlo.

Karen cruzó las piernas en la espalda de Alison y con los talones empujó a la estadounidense hacia su coño. Su lengua iba más rápido. Los gemidos de Karen se escuchaban más altos. Su cuerpo se estremecía, temblaba. El orgasmo estaba cerca.

Alison introdujo los dedos sin quitar la lengua. Karen tenía los ojos en blanco, su cuerpo empapado en sudor, pidiendo más y anunciando un orgasmo que derribó la puerta. Sus jugos acabaron siendo un río.

Cambiaron de posición. Alison se sentó en los lavabos al tiempo que perdía su falda roja y sus bragas a juego - su top, mantuvo la posición que llevaba -. Karen le metió los dedos mientras se besaban con esa misma desesperación, como si se debieran morreos. Después, Karen bajó por el cuerpo de Alison dejando las marcas de sus labios por toda la piel. Hasta llegar a su sexo. Mojado, resbaladizo, jugoso.

Karen besó las ingles de Alison antes de atacar el coño de su amante americana. Lo tomó con velocidad, provocando escalofríos en Alison, mientras sus gemidos salían disparados a pesar de que ella se mordía el labio intentando apaciguarlos

Karen, dentro de sus piernas, lamía como una posesa, como si no hubiera un mañana. Alison le seguía el ritmo con sus gemidos. Sus ojos estaban en blanco y su mente... en otro lugar. Allí solo había un cuerpo estremeciéndose de placer.

El orgasmo llegó empapándolo todo lo que encontró a su paso.


Sus besos fueron menos pasionales, pero más tiernos. La tormenta dejó paso a la calma. Y en sus ojos ya no había fuego, solo un amor incipiente con ganas de crecer en sus corazones. Dispuesto a aguantar pese a que las separaba un charco.


- Pasajeros del vuelo 2687 con destino a Nueva York pueden embarcar por la puerta C-40 - la voz femenina metálica inundo la terminal con un sonido más musical y menos protocolaria que en los mensajes anteriores - Reiteramos nuestras disculpas por los problemas ocasionados.

El anuncio que esperaban pilló a las mujeres en el baño con la ropa a medio poner. Karen se ajustaba la chaqueta y se atusaba el pelo, mientras Alison se colocaba la falda roja.

Tras el último beso mirándose al espejo, salieron. Por separado. Primero Karen, cargando su bolso - su maleta, ya estaba facturada -. Alison salió después, con una sonrisa en su rostro, aunque aún no sabía si podría llegar a su tren en Nueva York.

Volvieron a encontrarse en la cola del arco de seguridad. Allí solo eran dos amantes furtivas que, deseando tocarse, solo se rozaban con la mirada. Tampoco se sentaron juntas en el avión. Los billetes no coincidían y además, a Alison, le gustaba viajar en primera clase. Y, en Nueva York, tampoco se vieron, como si hubieran sido fantasmas todo el momento.

Pero a pesar de ello, ambas sabían que entre ellas había nacido algo que no podía retrasarse.



Aunque no volvieron a verse ni en el avión ni recogiendo el equipaje, ambas sabían que entre ellas había nacido algo que no podían retrasar.

1 comentario


pingui.blog99
25 ene

Vaya, creo que deberían buscarse en Nueva York, no creo que sea una ciudad tan grande jaja.

Me gusta

52-1-33-12345678

Av. Cobá 202, Cancún, Q.R., México

  • Facebook
  • Instagram
  • X
  • TikTok
bottom of page