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No, quiero

Alicia Márquez
9 may
9 min de lectura

El reloj marcaba las siete y media. Todo estaba listo. Todo era perfecto. Unos pétalos de rosa serpenteaban por el suelo desde la puerta al sofá, había velas aromáticas encendidas, una música relajante y tenue de violines.

Y luego estaba ella.

Daniela.

Vestía sus mejores galas - un vestido azul, con escote palabra de honor y falda que rozaba el suelo -, y tenía un peinado de peluquería. De esos que te tienen tres horas sentada en una silla.

Pero a ella, el esfuerzo, le sabía a poco.

Quizá hablaban sus nervios.


Los pétalos, las velas, la música, Daniela con sus mejores galas... Todo estaba listo para una tarde inolvidable

Salomé, su mejor amiga, sujetaba con fuerza su móvil para grabar el momento mágico. Con su vestido blanco se mimetizaba entre la pared y un par de columnas. Ella se sentía como una paparazzi a punto de capturar al famoso de turno.

Daniela le regalaba miradas fugaces a su amiga, buscando un salvavidas. Algo que la anclara al suelo y no saliera corriendo.

- ¿Seguro que estoy guapa? - preguntó

- Estás espectacular - respondió Salomé - Si él no se rinde a ti... Yo lo haría

Daniela dibujó una sonrisa débil y efímera antes de que las dudas y los nervios se volvieran a apoderar de ella.


Desde su escondite, Salomé sujetaba el móvil con fuerza, sintiéndose una paparazzi

Se escuchó el motor de un coche acercándose a la casa. Daniela apretó los puños, sintió cómo su boca se secaba.

Salomé pulsó el botón de grabar, expectante. "Ya no hay vuelta atrás", pensó. Y, por un momento, no sabía si quería que saliera bien o mal.

Daniela caminó de un lado a otro de la sala. Fuera, el sonido de una llave luchando contra la cerradura, la tensó. Ella cerró los ojos, repasó mentalmente lo que iba a decir.

La puerta cedió.

A ella le recorrió un escalofrío.

- ¡Daniela! - gritó al entrar - ¿Qué pasa? ¿Estás bien? ¡Me has sacado de una reunión importante!

Daniela apenas hizo una mueca, pero estaba feliz de que su estrategia hubiera funcionado.

"¿Puedes venir a casa? ¡Es urgente!"

Él estaba allí, con el pelo alborotado, el corazón acelerado, los ojos desencajados y una mancha de café en la camisa, y aún así, estaba elegante.

Pero él no vio los pétalos, ni olió las velas, ni escuchó la música de violines, y no reparó en la princesa que le esperaba. Como si Daniela vistiera así en su día a día.


Él caminó por el sendero de pétalos sin reparar en ellos, aplastando algunos sin piedad.

- ¿Qué pasa? - preguntó.

Daniela le miraba con timidez, con ternura, con ese amor que aún no sabía que se iba a romper.

Salomé miraba todo desde detrás de la pantalla. "Vamos allá", pensó.

El pensamiento coincidió con el de Daniela, como si estuvieran conectadas.

"Vamos allá"

- Fran... Llevamos cuatro años juntos - comenzó diciendo - Desde aquella noche en la bolera. ¿Lo recuerdas?

Fran asintió, aún desconcertado.

Pero empezaba a ser consciente de lo que estaba ocurriendo.

- Ambos íbamos a coger la misma bola y nuestros dedos se rozaron. Después, me invitaste a una copa... que acabaron siendo siete - puntualizó entre risas - y me acompañaste a casa.

Se calló por un instante, emocionada. Sus ojos brillaban con ilusión.

Salomé no apartaba la vista. El vídeo seguía grabando. Su corazón latía con fuerza.

Daniela se arrodilló sobre la alfombra.

"Y aquí vamos", pensó Salomé.


Daniela sintió cómo la alfombra se hundió sutilmente bajo su rodilla. Sacó una cajita de terciopelo. La abrió ante él. El brillo de la pieza - un anillo bañado en plata - iluminó su rostro.

- Desde entonces siempre supe que podría pasar toda mi vida contigo - dijo -. Por eso...

Se hizo un silencio tenso. Todo se mantuvo en silencio, salvo la música, expectante. Daniela tragó saliva. Salomé contuvo la respiración. Fran miró de reojo hacia la puerta.

- Fran... ¿Quieres casarte conmigo?

La pregunta quedó suspendida en el aire. Inundando todo rincón de la estancia.


El tiempo pasó más lento, el tic-tac del reloj se intensificó, los violines sonaban más despacio. Y Fran seguía mudo. Y eso era la peor de las torturas.

Daniela aún quería creer, pero sentía que su mundo de resquebrajaba poco a poco, hasta que Fran abrió la boca.

- No

Entonces su vida fue derribada con una bola de demolición.

Una palabra, dos letras y todo quedó reducido a cenizas en cuestión de segundos. Fran añadió un "no puedo" que Daniela ni escuchó.

Salomé, desde su cueva, abrió los ojos como platos. Desconcertada ante lo que había visto. Ni su parte más egoísta hubiera imaginado un desenlace como éste.

Fran empezó a recorrer el camino hacia la puerta, pero por el camino dejó una frase aún más demoledora

- ¿En serio? ¿Para esto me has sacado de la reunión?

Daniela no lloró. Se quedó inmóvil, con la cajita del anillo abierta. Sus ojos se nublaron. Su garganta empezó a picar.

"Tanta preparación no merece este final", debió pensar Daniela, pero no lo dijo. No podía. No le salían las palabras.

Salomé también se quedó paralizada. No pudo dejar de grabar. No sabía muy bien cómo procesar aquello.

Finalmente, bajó la cámara, aunque el vídeo siguió corriendo.


"Fran... ¿Quieres casarte conmigo?", preguntó Daniel, emocionada
"No", respondió él, contundente


Las llamas de las velas danzaban despreocupadas, ajenas al desastre, los violines seguían sonando, pero chirriaban, como una bisagra mal engrasada. Y Daniela ya no era esa princesa radiante, sino un personaje secundario en su propia película.

Su mente la traicionaba. Solo veía, como una repetición cruel, el momento en el que Fran decía aquellas dos letras tan contundentes. Y cada vez era más insoportable.

Fue entonces cuando Daniela dejó caer una lágrima por su mejilla, que no quiso detener

Fue entonces cuando Salomé salió de su escondite para consolar a su amiga, aunque no sabía cómo. Se acercó despacio, temerosa, luchando contra sus propios sentimientos. Finalmente se arrodilló, y sus brazos capturaron a Daniela con delicadeza, mientras ella colocaba su cabeza contra su pecho.

Ahí fue cuando Daniela rompió a llorar, desconsolada, culpándose del terremoto que había devastado su vida.

- Es culpa mía - dijo - Ha sido demasiado... perfecto. Le he abrumado.

- No es culpa tuya - comentó Salomé - Estas cosas pasan.

- Quizá - se resignó Daniela -, pero siempre me pasan a mí. ¿Qué he hecho mal? Nunca me dijo que no quería casarse, pero tampoco me dijo lo contrario. Joder, que idiota soy.

"No eres idiota" pensó Salomé "Tú estabas enamorada. Quizá no te diste cuenta qué él no respiraba el mismo aire", pero no lo dijo. No era el momento. Se mantuvo callada, dejando que Daniela se desahogara.

- No tengo suerte - afirmó con un profundo lamento Daniela, enterró su cara en el pecho de Salomé -. Primero fue Javi, que me hizo la vida imposible en el instituto, después... Alan, quien me puso los cuernos con mi prima. Y, ahora, Fran. El hombre de mi vida, que huye cuando oye campanas de boda.

Lloró.

- El hombre de mi vida - repitió. La frase sonó a una dolorosa ironía.

Quedó un silencio espeso, incómodo, irrespirable. La música sonaba burlona.

- ¡No pienso enamorarme más! - exclamó Daniela.

Salomé lo sintió como una patada en el estómago, pero mantuvo la compostura.

- El amor es muy bonito, Dani - dijo, midiendo las palabras - No puedes cerrarte a él. Por ahí habrá alguien que te quiera como te mereces.

"O alguna", pensó.

- No, Salomé, paso - dijo, su voz sonaba firme - Moriré sola, con cinco gatos.

- Estoy segura de que habla tu dolor, cielo - afirmó Salomé -, pero eres preciosa. Alguien se morirá por tus huesos.



El abrazo que siguió duró más de lo necesario, como si no quisieran soltarse. Habían creado una pequeña burbuja en medio de tanto desastre.

El corazón de Daniela latía más despacio, más relajado, pero su mente aún viajaba con el acelerador al máximo.

Salomé luchaba contra sí misma. Deseaba besarla, decirle sin palabras lo mucho que la amaba, pero se mostraba contenida, apretando los dientes para no hacer nada inadecuado.

Se separon lo justo. Sus frentes se acariciaban, sus bocas quedaron a escasos centímetros.

- Siempre podrás contar conmigo, Dani - dijo Salomé.

- Lo sé - respondió Daniela - Eres una gran amiga.

"¿Solo una amiga?", pensó "Ojalá ser algo más"

No lo dijo. Otra vez esa maldita contención.

Sin embargo, el aire había cambiado.

Y, de repente, sucedió.

Fue Daniela la que besó primero, pillando en fuera de juego a Salomé. Ella, que tanto lo había deseado, no se esperaba que Daniela la adelantara por la derecha. Le siguió el beso. Aunque fue algo atropellado, algo extraño. No como lo había soñado.

Sus labios no chocaban delicados, eran golpes torpes con pequeños mordiscos.

Desnudarse tampoco fue tan sencillo. Al vestido de Salomé se le atascó la cremallera, el de Daniela quedó anudado en el tobillo, enganchado en el cierre de sus tacones. Y, sin embargo, todo surgió de manera natural. No era de película, era real.

Los besos se sucedían, mientras Daniela empujó a Salomé hasta que ésta quedó atrapada entre sus brazos y la alfombra, que se hundió ante el peso de dos mujeres hambrientas de deseo. Una porque la deseaba, y la otra por buscar consuelo.

Daniela buscó con su mano el coño de su amiga. Salomé empezó a gemir cuando notó sus dedos ahí dentro. Imaginando aquel primer momento en el que se dio cuenta que Daniela no era una chica más. Era LA chica, la mujer de su vida. Pensó en todas esas veces en las que pudo decir algo y se quedó callada. Ahora estaba allí, con sus dedos dentro de ella. Algo que no era como lo soñó. Daniela no terminaba de moverlos con un ritmo constante, y, sin embargo, la hacía temblar de placer.

Los besos que Daniela le dio por todo el cuerpo, provocaban escalofríos en Salomé.

Y cuando Daniela metió su lengua en su intimidad, sintió volar. Pero Daniela atacaba con timidez, como si de pronto recordara el golpe emocional que había recibido. Salomé le agarró de la nuca para ayudarla. La apretó contra ella. Daniela mejoró sus movimiento. Salomé gritaba, liberada.

Su coño se iba mojando. La lengua de Daniela se deslizaba con más confianza. Salomé se estremecía, gritaba, pedía más... o, al menos, lo intentaba. Porque sus palabras sonaban a ecos, eran inconexas. Su respiración era entrecortada.

Daniela aumentó el ritmo, sintiéndose más segura. Salomé no paraba de gemir. Se tensó. El orgasmo estaba cerca.

Llegó. Y todo lo que tenía dentro salió. Su amor, sus ganas de tenerla con ella, su deseo contenido, sus jugos... Todo aquello se liberó y ella se sintió menos pesada, quitándose esa pesada mochila.


Rodaron por la alfombra. Salomé esquivó de milagro un golpe contra la pata de la mesa. Ella quedó arriba. Ahora era su turno. El momento que llevaba años esperando. Se tomó su tiempo, sus dedos recorrieron todos los pliegues del cuerpo de Daniela, mientras con sus piernas la aprisionaban por la cintura.

Daniela se dejaba hacer, cerrando los ojos, buscando paz.

Salomé la libero de su agarre, le separó las piernas, se colocó y metió su lengua.

Fue suave al principio, pero subía la velocidad a cada rato. Daniela gemía como nunca, sus dedos se crispaban y se aferraban al borde de la alfombra. Salomé se recreaba, subiendo y bajando la velocidad. Daniela temblaba, su respiración se agitaba, su voz apenas era un hilo. Suficiente para saber que quería más de esa medicina.

Daniela se tensó. Cerró los ojos, apretó con fuerza la alfombra. Salomé le metió los dedos que resbalaban por su interior. Llegó al orgasmo, pero no había terminado. Salomé no se apartó, lamió sus fluidos como si, de pronto, se hubiera convertido en un gato. Los gemidos de Daniela salieron más ahogados, más agudos, casi inaudibles. Señal inequívoca de que, por una vez desde el "no", estaba disfrutando. Era la mejor sensación para irse a la cama.


Tras un leve respiro para que ambas recuperaran el aliento, se apoyaron contra el sofá, y se masturbaron la una a la otra. Sin descanso, sin memoria, pero con una dosis altas de pasión y fuego. El segundo orgasmo no tardó en llegar, zanjando la "pelea" sin una ganadora.


La luna iluminó sus cuerpos desnudos, testigo mudo de su noche. Daniela, con la mirada fija en un punto concreto, apoyó su cabeza contra el sofá. Su mente era un hervidero, los pensamientos la acechaban. Ella no sabía en cuál centrarse primero. Aquella noche iba a ser de celebración, con Fran y resultó ser una noche en la que encontró consuelo en Salomé.

Salomé, por su parte, se desplomó sobre la alfombra, con la respiración agitada y una sonrisa dibujada en su cara. Su mente se esforzaba en retener todo lo sucedido. Ella había deseado todo eso, aunque no quería que se hubiese dado tras el "no" tan cruel. Ese que había quedado registrado en su teléfono.

- Mi lista de aciertos hoy es abrumadora - dijo, con ironía - Primero me deja Fran y después... Después acabo enrollada con mi mejor amiga.

Salomé se incorporó como un muelle.

- ¿Te arrepientes? - preguntó Salomé.

- Eso es lo peor - reflexionó Daniela - Que no me arrepiento de nada, que no me arrepiento de que tú y yo... Bueno... Que tú y yo hayamos hecho esto.

Hizo una pausa. No sabía si debía seguir hablando.

- Pero no cambia nada, supongo. Esto solo ha sido un consuelo, desahogo, no pensar en otras cosas. No hay más. Imagino que tú sientes lo mismo.

Salomé apretó los dientes.

Ella quería gritar que para ella no era solo eso. Para ella era algo real, algo que quería seguir explorando. Algo que no quería soltar.

Daniela y Salomé.

Juntas.

Pero no lo dijo. Fran aún sangraba.

- Quizá... - sonó más ambigua de lo que pretendía -. Pero debes admitir que ha sido increíble.

- No te lo discuto. Nunca pensé que una mujer me pudiera llevar al cielo como has hecho tú.

Salomé dibujó una mueca de felicidad. Vio una pequeña rendija por la que poder colarse.

- Creo que tu príncipe azul, en realidad, es una princesa - comentó.

"Yo soy tu princesa"

Daniela se quedó petrificada

Salomé se sintió aliviada. No había revelado sus sentimientos, pero esa pequeña mención ya era un triunfo.

Más que nada porque Daniela ató cabos.

- ¿Qué insinúas, Salomé? ¿Qué tu podrías ser mi princesa?

- Bueno... Hablaba genéricamente.


¿Y si tu príncipe azul es, en realidad, una princesa?

1 comentario


pingui.blog99
11 may

Ese anillo creo que todavía se podría aprovechar jajaja.

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